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Sep 17

Una taza de café, por favor…

Recuerdo que durante mi infancia el café no fue algo común en casa. Sí lo era el aguadulce.  Todas las mañanas, mi mamá se levantaba y usaba dulce deshecho para hacer una aguadulce calientita y sustentosa…apenas para ir a la escuela. O ir al Colegio. Casi nunca se hacía café, pero sí teníamos chorreador. Aún existe, y tiene una chica fresita pintada a mano.

Se hacía café sólo cuando iban visitas que tomaban café. Para eso mi mamá siempre ha tenido una bolsita de café de no muy buena calidad pero que al menos cumple las necesidades de alguien que requiere de ese líquido en horas de la tarde.

¿Cuándo tomaba café?

Casi siempre, cuando iba donde mis padrinos. Mi madrina siempre ha sido de las que tiene muchas visitas, mucha comida y una tasita de café para quién la necesite. Ahí siempre aprovechaba y pedía café, junto con mi papá. A diferiencia de mi hermano y mi mamá, que no han sido tan adeptos de esa bebida. Sólo en esas ocasiones y en rosarios (o velas en su defecto) tomaba café.

Mami se enorgullecía de decir que había hecho que papi no tomara café. En realidad si tomaba, pero nunca fue un vicioso y creo que a eso sí me le parezco bastante. Nos gusta pero no morimos por una tasa si un día hace falta.

Así fue mi vida de bebedora de café, hasta que llegué al TEC. Siempre supe de su importancia en la vida costarricense, pero seguro por la escuela o por cultura general.

Ahí entonces tuve la dicha de ingresar a una habitación de residencias con dos compañeras sumamente buenas: Marianita y Arellys. Y para dicha de las otras dos, Mary era una bebedora de café experimentada y de gusto refinado. Esa mujer podía comprar atúnes y galletas en oferta, pero en el café no escatimaba y siempre compraba uno que la satisfaciera. “El elixir de los dioses” decía siempre que se ponía a hacer café y en su mirada se notaba la alegría que el sólo olor le causaba.

Marianita fue muy importante para que yo le tomara el gusto al café. En esas charlas interminables de noches de palmada siempre nos contaba de su papá y de que él había la había llevado a un festival de Café (creo que en Nicaragua) en donde les enseñaron un poco a catar. Para ella el coffee maker tenía un lugar previlegiado en el cuarto, y una vez que el pichel se quebró dimos gracias de no haber sido ninguna de las otras dos (fijo nos asesinaba xD).

Otra de las personas que ayudó a incrementar mi gusto por el café fue Danielito 🙂 . Este querido compañero mío de progras desde…desde… Lenguajes en el cuarto semestre, es un gran amante del café y entonces comencé a ser la compañera chineadora que le hacía cafecito cuando la palmabamos, o la que lo acompañaba a la soda y nos tomabamos un café. Y entonces el café tomó un nuevo rumbo, un camino de conversaciones largas, de descanso merecido y necesario…de amistad.

Luego todo fue el efecto bola de nieve, con los VAG-Os, o con mi novio de la U xD (que me lancé a invitarlo a tomar café un día ahí apenas conociéndolo) …el café se volvió algo importante, algo para las tardes, algo necesario para compartir. Nunca me funcionó para trasnochar y hasta ahora tampoco me ha servido, pero es reconfortánte olerlo, sentirlo…disfrutarlo.

Nada es tan bueno como disfrutar lentamente una tasa de café.

“Claro que el café es un veneno lento; hace cuarenta años que lo bebo.”

Voltaire

1 comment

  1. Sufrostico

    Yo tomo café desde que tengo memoria.

    Si es en mi casa:
    café montanya, fuerte, negro y con mucha azucar.

    Si es en el aparta:
    solo los sábados y domingos, con pan, natilla y con el fresco de la manyana.

    Si es en el trabajo:
    tomo lo que hay por que no hay opción… y ahora estoy tomando muchísimo café.

    Si es de paseo largo:
    con gallo pinto, natilla y maduros

    y

    Si es en cualquier otro lugar:
    lo prefieron con leche

    😀

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