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Oct 26

Saber donde va el tornillo ~

Hay momentos en la vida donde uno se da cuenta de lo importante que fue haber aprendido bien lo que se hace. No me refiero a si se estudió o no, o si se sabe todo al respecto o no. Pero el pensamiento forjado por años y años de tomar dosis diarias de ciertas ramas y formas de pensamiento te hacen darte cuenta que, prácticamente sin querer, te volviste uno de ellos…un informático =P

Y no un informático cualquiera, sino uno que sepa entender el poder de la abstracción, de la diferencia entre lo virtual y lo transparente, que entienda palabras como objetos e instancias. O por el contrario, que no sepa distinguir rápidamente algo poco user friendly porque para uno todo es fácil y factible de manipular. Todo o casi todo.

Alguien que sepa diferenciar cuando los datos son relevantes y cuando no, alguien que pueda hacer un algoritmo mental a pesar de que la herramienta sea sencilla y sobre todo saber como hacerlo con solo una premisa de cálculo complejo o sencillo.

La cosa es que hay momentos en la vida donde uno se siente orgulloso de que a pesar de todos los sacrificios, todos los problemas y todos los “no lo voy a lograr” que se cruzaron en algún momento por la nublada mente…pues si, lo logramos.

Eso me recuerda una historia motivacional que he escuchado en varias ocasiones pero que nunca logro reproducir de manera confiable, y dado que Google no me la dió por más que busqué (con palabras poco fiables, de paso les confieso), se las tendré que contar a mi pobre y erróneo estilo:

 

“Un dueño de una fábrica tenía una máquina en la cuál se basaba toda su producción. Era una máquina antigua, compleja y que hacía todo el trabajo. Un buen día la máquina se descompuso y el dueño no sabía qué hacer para componerla, por lo tanto comenzó a llamar a muchos mecánicos para que la revisaran. Uno a uno pasaban y no sabían qué era lo que le había sucedido a la máquina para descomponerse, y se iban defraudados por no poder arreglarla. El dueño desesperado no sabía ya qué hacer y su producción seguía detenida. Entonces un día llegó a su puerta un hombre que le prometió que podría arreglarla, que lo dejara pasar. El dueño, algo desconfiado, se lo permitió. El hombre y el dueño estuvieron durante un minuto frente a la máquina hasta que el hombre se acercó, buscó por debajo de la misma y socó un tornillo escondido que se encontraba flojo. La máquina comenzó a funcionar de inmediato.

Entonces, el dueño agradecido y contento, le preguntó al hombre que cuánto le tenía que pagar por el arreglo.

– Págueme 1 millón de pesos por favor… -le respondió

– Pero cómo??? – dijo el dueño de la fábrica – pero si sólo socó un tornillo!!!!

– Por socar el tornillo le cobro sólo un peso…los demás 999 999 se los estoy cobrándo por saber qué tornillo socar.

 

Como les digo, la historia está distorcionada por mí, y como tampoco encontré a quién adjudicarla….pues me la robo para fines ilustrativos 😛

Saludos!

 

~Maheba

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